Con el alma en los pies, por Ángela Calero y Chema Lumbreras

Inauguración: viernes 31 de mayo de 2024, de 20:00 a 22:00 h, en JM Columna (Calle Duquesa de Parcent)

Málaga 29/05/2024 Redacción Málaga Redacción Málaga
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Pisen y vean

Pisen y vean

La huella, vestigio de nuestro paso por el mundo, rastro de nuestra existencia, viene enmarcada casi siempre en un par de zapatos. Pisadas que evocan otras épocas, otras vidas, reales o soñadas, pero todas con una historia tras de sí. Como las historias que emanan de las obras que Chema Lumbreras (Málaga, 1957) y Ángela Calero (Córdoba, 1956) desgranan en Con el alma en los pies

Un encuentro de dos artistas que, de repente, como Vladimir y Estragón en la versión de Atalaya de Esperando a Godot, se encuentran rodeados de zapatos y deciden calzárselos y caminar, cada uno por un sendero, pero hacia un destino común: el encuentro con usted, con el público. El texto de Beckett, referente del teatro del absurdo, puesto en escena por la compañía sevillana es una tragicomedia existencial, como casi todas las que encierran los zapatos que se calzan Calero y Lumbreras.

Chema Lumbreras, mago del cartón y del alambre, ha recolectado zapatos disparejos que han salido a su encuentro para componer la instalación Sorpresa en la bolsa del Ratoncito Pérez. La chispa para este proyecto le llegó por casualidad, fue un regalo del destino. En 2022 el artista exponía en Jaén, en uno de los frágiles refugios construidos en el centro de la ciudad durante la Guerra Civil, y entre sus obras había un par de zapatos de cartón. Una pieza que debió revivir en la memoria de una mujer el bombardeo franquista sobre la ciudad del 1 de abril de 1937 en el que murieron 157 civiles, muchos de ellos niños.

La señora volvió un día después a la muestra dejó una pequeña alpargata blanca de niña y se marchó sin decir palabra. Fue esta donante secreta la que inspiró la instalación en la que todos sus componentes descabalados tienen algo que contar, entre ellos una bota que recuerda a la que se comió Chaplin en La quimera del oro, su famoso filme de 1925. Son 13 zapatos disparejos que salen de una bolsa de basura, cabalgados por uno de sus peculiares ratones de alambre y papel encolado, que nos hablan de muerte, olvido y nostalgia. Una poesía moldeada con versos de cartón.

La instalación guarda cierto paralelismo con Zapatos en la orilla del Danubio, el monumento que el director de cine Can Togay y el escultor Pauer Gyula crearon en 2005 en Budapest en recuerdo de los judíos asesinados en la Segunda Guerra Mundial, un tema que Lumbreras ha tratado en exposiciones anteriores como Ya es tiempo, que presentó en esta misma galería en 2021. Una hilera desordenada de zapatos en bronce rememora el momento antes de la masacre, cuando los judíos eran obligados a quitarse los zapatos entre cuyos pliegues algunos ocultaban objetos de valor.

Una pieza que pone la piel de gallina al situar al espectador, por un fugaz instante, en los zapatos de las víctimas.

Al igual que la obra de Lumbreras, la instalación húngara es una perfecta escenificación del refrán inglés To be in someone shoes (Ponerse en los zapatos de otro), es decir tener empatía con el otro, comprender cómo se siente la otra persona. Un ejercicio difícil que Lumbreras plantea con altas dosis de lirismo también en el resto de las esculturas de cartón y en los dibujos de lápices de acuarela y acrílico que presenta en Con el alma en los pies.

Obras en las que se puede mascar el silencio y el vacío que separa a sus protagonistas de los que solo podemos ver los pies y en las que aparece también su toque sarcástico como en La grieta, inspirada en los zapatos que un periodista le lanzó a George Bush en Bagdad en protesta por la ocupación estadounidense de Irak.

Como si se tratase de la otra cara de la moneda, Ángela

Calero parte de la presencia, en lugar de la ausencia, en las 24 esculturas que presenta en esta muestra conjunta. El alma de sus obras, realizadas entre 2005 y 2023, es la horma de madera que se usa para hacer los zapatos. 

Hormas que proceden de lugares tan dispares (Bali, Alicante y París) como las relaciones humanas de las que hablan.  

Así nacieron sus primeras parejas, en las que las hormas

Un camino que comenzó a recorrer en Indonesia, donde ha residido 15 años, cuando se enamoró de los contornos de las hormas de madera de teca curada arrinconadas en el taller de un zapatero. Vestidas de imaginativas formas encarnan la complejidad de las relaciones humanas complementándose: Pájaro- Jaula, Sado-Masoquista, Divorciados Igual-Desigual son fruto de ese primer impulso.

Cuando el material de partida para las parejas (siempre desiguales) se agotó la artista inició una búsqueda de hormas que la llevó a Alicante, donde se fabrica la mayor parte del calzado  made in Spain, y a un anticuario francés; pero entonces las hormas estaban desparejadas y Calero comenzó a individualizar sus piezas.

Nacieron así esculturas con personalidades autosuficientes como Mujer soltera, Queer, Poliamor o la sorprendente De uñas, que nos remite a una curiosa arma defensiva blindada con uñas postizas rojas con las que evitar las inclemencias de nuestra sociedad.

En su catálogo de relaciones humanas, Calero no esquiva el dolor y plasma de forma poética comportamientos aberrantes en Egocéntrico Malos tratos. Pieza, esta última, que recrea un tema tan espinoso a través de un cordón de fieltro teñido en colores rojizos que sale de una horma con una china clavada en el talón.

Un catálogo muy sui géneris en el que también hay lugar para la alegría representada en la florida Sr(a) D o en sus dos tiernas maternidades, en las que sendas hormas antropomórficas cargan con sus bebés y se disponen a recorrer un camino expedito en el que solo faltan ustedes: pisen y vean.

Margot Molina

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